MARÍA CAMINO AL CIELO MONTERREY. A 100 DE LA JORNADA DE HÖRDE

Nuestro santuario, María Camino al Cielo, como siempre, nos aguardaba acompañado, desde temprano, por un sol impasible y paciente, observando cómo, poco a poco, peregrinos, familias y jóvenes llegan al encuentro dominical convocados por el corazón de María y la mirada de nuestro Señor. En esta ocasión en el paso previo al santuario algunas imágenes tropezaban con nuestra mirada a la vera del camino y nos hacían leer frases informándonos lo que el esfuerzo amoroso de unos jóvenes dio como inicio a la salida de Schoenstatt al mundo en un pueblo de Alemania, Hörde.

La eucaristía comenzó a las 11:00 de la mañana presidida por el padre Guillermo Múzquiz, quien nos recordó a en su homilía, lo que nuestro Señor Jesús nos dice en el Evangelio: “esfuércense por entrar por la puerta angosta”. (Lc13, 22-30) Entonces el padre actualiza: el espíritu de la Jornada de Hörde, el mensaje que los jóvenes congregantes, al terminar la Primera Guerra Mundial, en Alemania, quisieron dar afuera de los muros de la comunidad religiosa de Schoenstatt: “Un hombre nuevo para una nueva comunidad. En todos los ámbitos de la vida laical, en donde te encuentres, con tu misión de vida”.

Desde entonces, ser un Schoenstatt en salida, como el padre Múzquiz nos recordó lo que el Concilio Vaticano II pide, un compromiso laical de vida apostólica activa y fecunda, retomada con vigor y carisma por el Papa Francisco en nuestros días. Así la celebración de la jornada de Hörde 1919-2019 nos recordó que de allí venimos como movimiento apostólico laical. El esfuerzo de esos jóvenes congregantes que no se quisieron quedar con esos frutos otorgados por una “Alianza de Amor con la virgen María” sólo para ellos, nos abrieron una puerta al apostolado y misión de la Iglesia como cuerpo de Cristo.

La presentación de ofrendas en la misa fue dada por la rama de la juventud femenina, juventud masculina, rama de señoras, rama de familias, federación de familias e instituto de familias.

Al finalizar la Misa, se invitó a una convivencia al pie del santuario, en donde toda la familia de Schoenstatt compartió viandas y bebidas entre sonrisas y rostros sudorosos por la acción perseverante del sol, y fuimos todos testigos “de alguna manera” de la decisión y acción de una jornada, que hace 100 años convocó a seguir los ideales de nuestro fundador P.J.K.

Luis Sandoval

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